9 de febrero de 2026

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: MIRIAM LASHERAS OCA (2º ESO)

 DESTRUCCIÓN ENCUBIERTA

Hoy es tres de octubre del año 2050. Es un martes cualquiera y me acabo de despertar. Me visto con unos vaqueros y una camiseta simple y por encima una sudadera rosa, aunque en el fondo da igual, nadie se va a dar cuenta. Bajo a desayunar mientras hablo con Alicia, una IA que se hace pasar por mi amiga. Todo el mundo tiene uno, es ilegal no tener. Desayuno, me pongo la mascarilla y salgo de casa. Es obligatorio llevar mascarilla porque el aire está tan contaminado que y las calles tan sucias, que nos moriríamos de toxicidad. Cuando llego al colegio está todo el mundo con móvil, igual que las personas que he visto por la calle. No conozco el nombre de nadie, así que me pongo a jugar un videojuego. Llego a mi clase y están varias personas, todas con el móvil. Cuando suena el timbre llega la profesora, y como está prohibido quitarnos el móvil nadie le presta atención.  


- ¡Amaia Sanz!- me dice- ¿Cuánto da la operación de la pizarra?- Me pregunta, como todos los días 

- 35- digo, agotada. Esta noche no he dormido mucho.  

Cuando acaba el colegio voy a mi casa y me pongo a ver las noticias mientras cargo el móvil. Avisan de ciberataque, como todos los días. Llega mi madre y me encierro en mi habitación. Veo una serie mientras me como unos macarrones precalentados del microondas. A las seis, cuando estoy merendando y mi madre está con el móvil, de repente se le ilumina la cara de un color morado y se queda con la mirada fija en la pantalla. Cuando compruebo que no escucha ni ve, cojo mi chaqueta y salgo afuera. Toda la gente que va por la calle está igual que mi madre.  

 

Intento gritar y pedir ayuda, pero nadie me escucha. Absolutamente nadie. No puede ser que la única persona que no estaba con el móvil era yo. Me niego a pensar eso. Malditas noticias, maldito ciberataque y maldita IA.  

- ¡¡AYUDA!!- Grito yo, sin esperanza.  

* * * 


Un año después, está todo destruido. He llegado a la conclusión de que ese ciberataque no era de ningún gobernante tirano, sino de la IA. Todos esos amigos que nos obligaban a tener nos lavaban el cerebro y nos robaban el tiempo, y cuando la gente abrió la aplicación… ¡PAM! Atontados. Esos personajes les han robado la vida a los tontos y pobres humanos. Todo fue culpa de la IA. La maldita IA. Me han destrozado la vida, y ahora me tengo que esconder para que las IAS no me descubran. Mi vida ya no tiene ningún sentido. Ninguno. No merece la pena seguir sobreviviendo, pero no quiero estar dentro de un maldito móvil. Lo que nos hicieron fue una destrucción, una destrucción encubierta. 

 


 

 

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: AMIRA EL HANANA (2º ESO)

 MI QUERIDA MARIONETA

Mi querida marioneta: 

Lo siento mucho, aunque sé que no leerás esto. Déjame explicarte todo lo que ocurrió, y por qué estás allí. 

 

Como guardiana del universo, mi deber es protegerlo. Hace ya 700 años que apareció la Orden del Abismo, una organización de robots que se dedican a destruir sistemas planetarios. Podríamos decirlo, sí. Todo fue culpa de la IA. En ese entonces, yo no tenía fuerzas ni energía suficiente para hacerles frente. Tuve que esconderme. Sabía que venían a por mí. Por eso creé una distracción. Por eso te creé a ti. 

 

Eres casi idéntica a mí, solo que, con rasgos más humanos, y se suponía que las nueve vidas que viviste en estos 700 años debían ser normales. Siendo sincera, incluso creía que a todos les gustaban tus ojos azules. Pero me equivoqué. 

 

Porque siempre eras tú la que amaba, pero nunca la amada. Ni siquiera las familias en las que naciste te amaban como una más de los suyos. Eras solo alguien más entre millones de personas. No era eso precisamente lo que te dolía. También es cierto que, como marioneta, no debías sentir. Pero estás ligada a mí de alguna manera. Eres especial. Y muy fuerte. 

 

Cargabas con un peso que ningún ser humano podría. Seguramente es la desesperante situación en la que estaba, el miedo a fracasar y ser descubierta por la Orden del Abismo. Compartimos ese sentimiento, pero no el conocimiento. No sabías por qué sufrías. Y era peor porque estabas sola. 

 

Hoy que por fin he conseguido derrotar a la organización robótica, quiero disculparme nuevamente contigo, y anunciarte que ya has cumplido tu propósito. 

 

Ya has aguantado suficiente. Por eso, te “desconectaré” y “apagaré”. Desaparecerás, y todo será como si nunca hubieras existido. Aunque nadie notaría tu ausencia porque no les importas. Pero a mí sí. Me importas. Y quiero acabar con tu sufrimiento. 

 

Descansa en paz, Sombrelle. 

Muchas gracias por todo. 

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: IRENE LOSANTOS HERNÁNDEZ (1º ESO)

 LA PROMESA


Y comenzó de nuevo el curso, después de un largo y caluroso verano, pero esta vez, todo era diferente. Este año ya nada era igual, porque ¨ ¡habíamos pasado a la ESO! ¨. Aunque creo que, en realidad, para ellas, ese no era el mayor cambio. 

Llegamos el primer día, y nos sentamos con nuestros amigos de siempre, todos menos ellas. Esas dos chicas que seguían sin ser capaces de hablarse. Aunque había pasado tiempo, se sentaron lo más lejos posible. En realidad, nadie entendía por qué, ni lo iban a entender, porque seguramente, para los demás, sería una tontería, pero para ellas, lo era todo. 

Todo eso que se rompió tras una simple discusión, un simple gesto, un simple…todo. 

Era un caluroso día de verano, cuando todo ocurrió. Todo iba bien entre ellas, todo iba quizás, demasiado bien. Clara y Sofía eran más que mejores amigas, eran hermanas. Sí, de esas hermanas con las que no compartes genes, pero da igual. Todo era así hasta que Clara le conoció. 

De repente, Clara comenzó a recibir mensajes de alguien. Ese alguien era un adolescente rubio, alto y de ojos azules, que igual merecía la pena, pero… ¿tanto como para romper lo que las dos tenían? 

Al poco, comenzaron a conocerse mejor, a empezar a mandarse corazones, a ser algo…Sin ni siquiera conocerse. 

Ellos empezaron a quererse, bueno, más bien, Clara empezó a quererle a él. 

Él más bien, comenzó a controlarle todo, a limitarle…A arruinarle la vida. Él obligó a Clara a olvidar hasta lo que más quería, a Sofía. 

Clara comenzó a ignorar a Sofía, hasta el punto de romper su única promesa, quitarse esa pulsera que las dos llevaban y que dijeron que nunca romperían. Para muchos, será una tontería, pero para Sofía fue una decepción tremenda, fue eso lo que acabó con todo. Ellas comenzaron a distanciarse, a evitarse…y a olvidarse, aunque no del todo. 

Fue entonces, cuando ya no quedaba nada, cuando Clara descubrió la verdad, él nunca le quiso a ella, porque él no sabía querer, porque la IA no sabe querer, porque todo había sido una mentira…y ahí, Clara se dio cuenta de lo que había perdido. Intentó arreglarlo, pero ¿de qué servía ya?, ¿de qué servía ahora que ya estaba todo roto? Y así siguen hasta hoy en día las dos, odiándose, y a la vez, queriéndose. 

Sinceramente, creo que la mejor manera de resumir esta historia es la siguiente: ¨Todo fue culpa de la IA¨, esa IA que rompió lo más bonito que poseían las dos. 

8 de febrero de 2026

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: SOFÍA MENDOZA MÚZQUIZ (1º BACHILLERATO)

 TODO FUE CULPA DE LA IA

Sin darme cuenta habían pasado veinte años desde que dejé la universidad, mi vida era triste y aburrida ya que solo salía de casa a comprar y tenía un trabajo remoto, uno de los pocos que quedaban. Todo había cambiado mucho de repente desde que se popularizaron las IAs generativas pero siempre fui un escéptico, por lo que nunca me permití utilizarla, me sentía menos humano. 

Cerca de Navidad volví a casa de mis padres para las fiestas, toda mi familia cercana estaba ahí pero se sentía más impersonal y alejada que otros años, a pesar de que los últimos tampoco fuera lo mejor. Yo era el único de mis cuatro hermanos que ni se había casado ni tenía hijos, por lo que hasta la fecha tenía el privilegio de decir que era el “tío guay” como me llamaban mis sobrinos, por esto me intenté acercar a uno de ellos a hablar o jugar al Uno, pero en cuanto le saludé me miró con un desprecio terrible. Cuando volvió a bajar la mirada a su móvil me fijé en que le contó nuestra conversación a un chat Bot que, en vez de ayudar, solo le dijo que era raro y que el Uno era un juego demasiado complicado para él. 

Lo dejé pasar de largo porque al final los niños no se dan cuenta de cómo se expresan a veces y fui al salón a hablar con mi madre, que últimamente apenas me contestaba y solo me mandaba videos de gatos salvando a bebés de Facebook que eran claramente IA, aunque ella no me creía. Cuando le saqué el tema  del último escándalo de su actor favorito no pareció inmutarse, me respondía con monosílabos y de vez en cuando se reía de un video que me enseñaba. Extrañamente, todos eran IA, no había ni un solo segmento de un humano real o creado por humanos. Al ver que no me hacía caso y que nadie estaba hablando me subí a mi habitación de la infancia, ahí empecé a recordar mi adolescencia y lo bien que lo pasábamos. “Eran tiempos distintos” me dije a mi mismo, pero en el fondo me entristeció ver cómo todo había cambiado.

La mayoría de profesores y educadores habían desaparecido y, en cambio, dominaban las escuelas los  robots de IA, de los que se había comprobado que sólo ofrecían desinformación. Ya no existían las artes, ni música, ni películas, ni videojuegos, ni libros, ni moda innovadora, ni siquiera las series macro producidas malas de Netflix. Apenas existía la interacción humana ya que todo funcionaba con robots; para pedir un café, hacer la compra o escribirle a tus amigos tenías siempre una sugerencia de qué decir de tu “asesor” personal de IA, quien se había convertido en la única interacción amistosa de muchos. 

Allí, sentado en la cama, me di cuenta de la absoluta recesión que se estaba viviendo, bajé al salón y toda mi familia se encontraba viendo vídeos generados con IA que solo buscaban atraparlos y seguir viendo o hablando con sus respectivos bots de IA. El único indicio de algo de humanidad era que mis tías estaban manteniendo una conversación, pero aún eso tenía que ser asesorado por respuestas automáticas sin ningún tipo de personalidad. Salí a la calle pero, a pesar de ser diciembre, no llevaba más que una camiseta corta y pantalones cortos. Intenté pasear para despejarme, pero estaba demasiado desierta, mire a mi alrededor y el mundo estaba silenciado, no había niños jugando en el parque ni gente yendo a comprar un regalo de última hora, ni siquiera gatos callejeros. Lo único que sí se oía era el constante barullo de las fábricas y bases de datos y los lamentos desesperados de la gente al no saber atarse los zapatos, ni siquiera hacer un huevo frito.

El mundo tal y como lo conocíamos había desaparecido, todo fue culpa de la IA, había tomado un control total de nuestra existencia, ya no podíamos hacer las tareas más fáciles sin necesitar ayuda y la vida era triste y aburrida, por lo que hacer algo divertido o diferente se relacionaba con ser tonto, ¿para qué vas a hacerlo tú si lo pueden hacer por ti? Y en verdad, tenían razón. Si nadie va a apreciar lo que haces y lo que vives, ¿tiene sentido seguir siendo así? ¿Ser creativo? ¿Pensar? Igual al fin y al cabo es cierto, ¿para qué sirve ser tú mismo en este punto? Ya todo había perdido el sentido.

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: LIDIA MADORRÁN HIDALGO (1º BACHILLERATO)

 UNA REALIDAD INVENTADA

Se levantó como cualquier otro día, se dirigió al baño y se miró en el espejo. Este reflejaba a un hombre de mediana edad; con un pelo normal, una ropa normal, todo en él era normal. Menos su mirada; esta mostraba dolor, cansancio y lamento. 

Él al mirarse se preguntó cómo había podido llegar a aquella situación, cómo después de haber sido tan feliz todo hubiese cambiado a peor. Recuerda su pasado, imágenes de una bella mujer aparecen en su mente, además de esta, las de una pequeña niña siendo alzada por él mismo. 

De repente, aquellas dos personas se desmoronan y surge un coche. Esta vez, las imágenes emergen menos nítidas y más borrosas, pero se puede ver una gran mezcla de luces, al principio de farolas, luego una justo en frente del volante y, tras unos minutos de oscuridad, luces rojas y azules. 

Ahora estaba solo, sin nadie para hacerle compañía. Volvió a mirarse en el reflejo y vio cómo las lágrimas caían de sus ojos. Entonces, una de ellas resbaló hasta el grifo. No supo si era ese sonido o el deseo de cambiar el desgraciado rumbo de vida que llevaba cuando salió de ese baño, de esa casa para terminar de una vez con todo ese lamento. 

Notó cómo la luz le cegaba al apartarse de la puerta, hacía mucho que no se alejaba de su hogar. Se dirigió a un lugar que no pisaba desde hace años. Aún recordaba el camino, este sitio estaba apartado de la ciudad así que, tras un largo viaje, finalmente llegó. Dudó si llamar o no, pero al mirar su pasado y su presente no se permitió dar la vuelta. Llamó sin saber que ese podía ser el mayor error jamás cometido por él. 

La persona al otro lado de la puerta abrió esta y ambos se miraron. No había caras de alegría o de pena, solo de naturalidad por ambas partes. El residente de la casa le dejó pasar. 

Observó su entorno, un desastre. Papeles por aquí y por allá, suciedad, máquinas sin funcionar, cables, cajas de comida… Esto no le detuvo para entrar y, con una simple mirada, el otro hombre pasó a un cuarto. 

No le temblaban las piernas al andar, estaba decidido a hacer aquella locura que antiguamente pensó que era imposible. Todo empezó en un funeral, un amigo dando el pésame al otro, que había perdido a su mujer y a su hija. Le habló al oído, le sugirió una idea que a nadie se le ocurriría, solo a él. 

Recuerda cómo le gritó, diciéndole que si estaba loco o si solo quería jugar con él. No supo que iba a acabar como está ahora. 

Entró al cuarto; el hombre, que había entrado anteriormente, se encontraba dando fin a los últimos preparativos de aquella máquina. Cuando terminó, le indicó que se acercase y entrara a esta. Eso hizo. 

Ya dentro no escuchaba nada, solo veía a su viejo amigos intentar poner en marcha la máquina. 

Entonces, cerró los ojos, solo veía completa oscuridad, hasta que una luz apareció delante de él. Caminó a esta y pudo ver unos ojos, esos ojos. Repleto de alegría se acercó a estos y vio a su mujer, igual que antes de fallecer. Se abrazaron con ímpetu y, al mirar a un lado, observó otros pequeños ojos, su hija. Este hombre rebosaba de felicidad. 

Hasta que un fallo se produjo. No se supo qué era, una risa más aguda de lo normal o un gesto nunca antes hecho. El hombre se dio cuenta que su mujer e hija no iban a volver, que lo que tenía en frente solo eran meras copias de lo que alguna vez fueron. No eran ellas. 

Al ver que ya nunca iba a volver, se volvió loco, las imágenes de las mujeres que una vez amó desaparecieron. 

Fuera del sueño, la máquina empezó a fallar. Chispan iban y venían. Hasta que, finalmente, la máquina explotó. 

Días más tarde, en el mismo lugar donde había una casa, ya no había nada. Policías se paseaban por el recinto. Los periodistas se encontraban en el límite de este preguntando qué había pasado, 

“Todo fue culpa de la IA”, resumieron estos, dejando atrás la historia de un hombre que intentó volver a vivir y no pudo.