Parte 1
Denegada, otra vez. Ya no sabía dónde más
meter currículum. Me habían despedido por décimo quinta vez. Como siempre, todo fue culpa de la IA.
¿Quería trabajar en una cafetería? ¿Para qué? Todo hecho con robots y máquinas.
Nah, las personas ya no hacían falta. ¿En una farmacia? Lo mismo. Tienda de
ropa, también. Parecía que solo tenían trabajo las personas que pasaban horas
en frente de un ordenador. Me niego. Además, tampoco tengo tanto conocimiento.
Odiaba todo. ¿Por qué tenía que estar todo tan digitalizado? A ver, la vida era
más fácil y todo eso, pero por ello no más bonita. Qué bonita era la vida en
los ochenta. Ahora todo es tan plástico y falso. Cada día me planteo más
retomar el proyecto que abandoné hace dos meses. Consistía en encontrar un
lugar, según mi lógica, una isla, en la que no existiera la tecnología. Uff,
qué alivio sería vivir en un lugar así. Cuanto más pienso en ello, más odio
este lugar. Pero no es tan fácil. Pasé semanas buscando cualquier tipo de
información, pero parece que todo el mundo está infectado. Así que me rendí.
Acepté que el mundo es así y ya está, no hay más cuento.
Llegué a casa y la puerta se abrió nada más
me acerqué. Pero no entré. Vi un pequeño botón en la esquina derecha inferior
de la puerta. ¿Qué podía perder? Me agaché y lo apreté. Nada. Esperé y casi
había perdido la esperanza cuando el botón se abrió y una pequeña nota salió de
él.
Parte 2
Anda, pues sí que ha pasado algo. Lo
recogí. Vacío. No ponía nada. Pues qué faena. Aún así decidí llevármelo. La
plataforma me subió al segundo piso y me lavé las manos. Se me olvidó que había
metido el papel en la manga. Este se cayó al agua, mierda. Lo recogí y vi unas
letras grabadas. No, no eran letras, eran números. Coordenadas en concreto. Sí,
sí, sí, sí.
Fui corriendo a mi pantalla digital y las
busqué. Una Isla. Era una isla. Mi cerebro iba a mil por hora. ¿Será allí el
lugar? Nuevamente, no tenía nada que perder.
No estaba muy informada. No había apenas
información, pero tenía las coordenadas. Parecía que estaba cerca de Alaska.
Mejor. Frío.
Corriendo hice las maletas y ordené un
telemando. Era un aparato que te volaba al avión más cercano para ir a donde
quisieras. Y así fue.
Estaba súper emocionada. Nunca había tenido
tantas esperanzas. En dos horas llegué, pero NO. No, no, no, no, no.
Todo está digitalizado. Me desplomé. Grité
y grité hasta que de repente me empecé a sentir mareada. Horriblemente.
Todo se nubló. Después, creo que me
desmayé...
Parte 3
- 1, 2, 3 respira. 1, 2, 3 respira.
PUM. Estaba en lo que parecía una sala de
hospital. O un laboratorio. No sé. Estaba sudando y unos aparatos me estaban descargando
cargas eléctricas en el pecho.
- Hola - dijo una voz. - Perdón por todo
esto. Para resumir, olvida todo lo que has vivido. El mundo no es así,
queríamos ver cómo un humano se desenvolvería en un mundo artificial.
Y recordé.