8 de febrero de 2026

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: SOFÍA MENDOZA MÚZQUIZ (1º BACHILLERATO)

 TODO FUE CULPA DE LA IA

Sin darme cuenta habían pasado veinte años desde que dejé la universidad, mi vida era triste y aburrida ya que solo salía de casa a comprar y tenía un trabajo remoto, uno de los pocos que quedaban. Todo había cambiado mucho de repente desde que se popularizaron las IAs generativas pero siempre fui un escéptico, por lo que nunca me permití utilizarla, me sentía menos humano. 

Cerca de Navidad volví a casa de mis padres para las fiestas, toda mi familia cercana estaba ahí pero se sentía más impersonal y alejada que otros años, a pesar de que los últimos tampoco fuera lo mejor. Yo era el único de mis cuatro hermanos que ni se había casado ni tenía hijos, por lo que hasta la fecha tenía el privilegio de decir que era el “tío guay” como me llamaban mis sobrinos, por esto me intenté acercar a uno de ellos a hablar o jugar al Uno, pero en cuanto le saludé me miró con un desprecio terrible. Cuando volvió a bajar la mirada a su móvil me fijé en que le contó nuestra conversación a un chat Bot que, en vez de ayudar, solo le dijo que era raro y que el Uno era un juego demasiado complicado para él. 

Lo dejé pasar de largo porque al final los niños no se dan cuenta de cómo se expresan a veces y fui al salón a hablar con mi madre, que últimamente apenas me contestaba y solo me mandaba videos de gatos salvando a bebés de Facebook que eran claramente IA, aunque ella no me creía. Cuando le saqué el tema  del último escándalo de su actor favorito no pareció inmutarse, me respondía con monosílabos y de vez en cuando se reía de un video que me enseñaba. Extrañamente, todos eran IA, no había ni un solo segmento de un humano real o creado por humanos. Al ver que no me hacía caso y que nadie estaba hablando me subí a mi habitación de la infancia, ahí empecé a recordar mi adolescencia y lo bien que lo pasábamos. “Eran tiempos distintos” me dije a mi mismo, pero en el fondo me entristeció ver cómo todo había cambiado.

La mayoría de profesores y educadores habían desaparecido y, en cambio, dominaban las escuelas los  robots de IA, de los que se había comprobado que sólo ofrecían desinformación. Ya no existían las artes, ni música, ni películas, ni videojuegos, ni libros, ni moda innovadora, ni siquiera las series macro producidas malas de Netflix. Apenas existía la interacción humana ya que todo funcionaba con robots; para pedir un café, hacer la compra o escribirle a tus amigos tenías siempre una sugerencia de qué decir de tu “asesor” personal de IA, quien se había convertido en la única interacción amistosa de muchos. 

Allí, sentado en la cama, me di cuenta de la absoluta recesión que se estaba viviendo, bajé al salón y toda mi familia se encontraba viendo vídeos generados con IA que solo buscaban atraparlos y seguir viendo o hablando con sus respectivos bots de IA. El único indicio de algo de humanidad era que mis tías estaban manteniendo una conversación, pero aún eso tenía que ser asesorado por respuestas automáticas sin ningún tipo de personalidad. Salí a la calle pero, a pesar de ser diciembre, no llevaba más que una camiseta corta y pantalones cortos. Intenté pasear para despejarme, pero estaba demasiado desierta, mire a mi alrededor y el mundo estaba silenciado, no había niños jugando en el parque ni gente yendo a comprar un regalo de última hora, ni siquiera gatos callejeros. Lo único que sí se oía era el constante barullo de las fábricas y bases de datos y los lamentos desesperados de la gente al no saber atarse los zapatos, ni siquiera hacer un huevo frito.

El mundo tal y como lo conocíamos había desaparecido, todo fue culpa de la IA, había tomado un control total de nuestra existencia, ya no podíamos hacer las tareas más fáciles sin necesitar ayuda y la vida era triste y aburrida, por lo que hacer algo divertido o diferente se relacionaba con ser tonto, ¿para qué vas a hacerlo tú si lo pueden hacer por ti? Y en verdad, tenían razón. Si nadie va a apreciar lo que haces y lo que vives, ¿tiene sentido seguir siendo así? ¿Ser creativo? ¿Pensar? Igual al fin y al cabo es cierto, ¿para qué sirve ser tú mismo en este punto? Ya todo había perdido el sentido.

PREMIOS LITERARIOS SAN JUAN BOSCO: LIDIA MADORRÁN HIDALGO (1º BACHILLERATO)

 UNA REALIDAD INVENTADA

Se levantó como cualquier otro día, se dirigió al baño y se miró en el espejo. Este reflejaba a un hombre de mediana edad; con un pelo normal, una ropa normal, todo en él era normal. Menos su mirada; esta mostraba dolor, cansancio y lamento. 

Él al mirarse se preguntó cómo había podido llegar a aquella situación, cómo después de haber sido tan feliz todo hubiese cambiado a peor. Recuerda su pasado, imágenes de una bella mujer aparecen en su mente, además de esta, las de una pequeña niña siendo alzada por él mismo. 

De repente, aquellas dos personas se desmoronan y surge un coche. Esta vez, las imágenes emergen menos nítidas y más borrosas, pero se puede ver una gran mezcla de luces, al principio de farolas, luego una justo en frente del volante y, tras unos minutos de oscuridad, luces rojas y azules. 

Ahora estaba solo, sin nadie para hacerle compañía. Volvió a mirarse en el reflejo y vio cómo las lágrimas caían de sus ojos. Entonces, una de ellas resbaló hasta el grifo. No supo si era ese sonido o el deseo de cambiar el desgraciado rumbo de vida que llevaba cuando salió de ese baño, de esa casa para terminar de una vez con todo ese lamento. 

Notó cómo la luz le cegaba al apartarse de la puerta, hacía mucho que no se alejaba de su hogar. Se dirigió a un lugar que no pisaba desde hace años. Aún recordaba el camino, este sitio estaba apartado de la ciudad así que, tras un largo viaje, finalmente llegó. Dudó si llamar o no, pero al mirar su pasado y su presente no se permitió dar la vuelta. Llamó sin saber que ese podía ser el mayor error jamás cometido por él. 

La persona al otro lado de la puerta abrió esta y ambos se miraron. No había caras de alegría o de pena, solo de naturalidad por ambas partes. El residente de la casa le dejó pasar. 

Observó su entorno, un desastre. Papeles por aquí y por allá, suciedad, máquinas sin funcionar, cables, cajas de comida… Esto no le detuvo para entrar y, con una simple mirada, el otro hombre pasó a un cuarto. 

No le temblaban las piernas al andar, estaba decidido a hacer aquella locura que antiguamente pensó que era imposible. Todo empezó en un funeral, un amigo dando el pésame al otro, que había perdido a su mujer y a su hija. Le habló al oído, le sugirió una idea que a nadie se le ocurriría, solo a él. 

Recuerda cómo le gritó, diciéndole que si estaba loco o si solo quería jugar con él. No supo que iba a acabar como está ahora. 

Entró al cuarto; el hombre, que había entrado anteriormente, se encontraba dando fin a los últimos preparativos de aquella máquina. Cuando terminó, le indicó que se acercase y entrara a esta. Eso hizo. 

Ya dentro no escuchaba nada, solo veía a su viejo amigos intentar poner en marcha la máquina. 

Entonces, cerró los ojos, solo veía completa oscuridad, hasta que una luz apareció delante de él. Caminó a esta y pudo ver unos ojos, esos ojos. Repleto de alegría se acercó a estos y vio a su mujer, igual que antes de fallecer. Se abrazaron con ímpetu y, al mirar a un lado, observó otros pequeños ojos, su hija. Este hombre rebosaba de felicidad. 

Hasta que un fallo se produjo. No se supo qué era, una risa más aguda de lo normal o un gesto nunca antes hecho. El hombre se dio cuenta que su mujer e hija no iban a volver, que lo que tenía en frente solo eran meras copias de lo que alguna vez fueron. No eran ellas. 

Al ver que ya nunca iba a volver, se volvió loco, las imágenes de las mujeres que una vez amó desaparecieron. 

Fuera del sueño, la máquina empezó a fallar. Chispan iban y venían. Hasta que, finalmente, la máquina explotó. 

Días más tarde, en el mismo lugar donde había una casa, ya no había nada. Policías se paseaban por el recinto. Los periodistas se encontraban en el límite de este preguntando qué había pasado, 

“Todo fue culpa de la IA”, resumieron estos, dejando atrás la historia de un hombre que intentó volver a vivir y no pudo.