MI QUERIDA MARIONETA
Mi querida marioneta:
Lo siento mucho, aunque sé que no leerás esto. Déjame explicarte todo lo que ocurrió, y por qué estás allí.
Como guardiana del universo, mi deber es protegerlo. Hace ya 700 años que apareció la Orden del Abismo, una organización de robots que se dedican a destruir sistemas planetarios. Podríamos decirlo, sí. Todo fue culpa de la IA. En ese entonces, yo no tenía fuerzas ni energía suficiente para hacerles frente. Tuve que esconderme. Sabía que venían a por mí. Por eso creé una distracción. Por eso te creé a ti.
Eres casi idéntica a mí, solo que, con rasgos más humanos, y se suponía que las nueve vidas que viviste en estos 700 años debían ser normales. Siendo sincera, incluso creía que a todos les gustaban tus ojos azules. Pero me equivoqué.
Porque siempre eras tú la que amaba, pero nunca la amada. Ni siquiera las familias en las que naciste te amaban como una más de los suyos. Eras solo alguien más entre millones de personas. No era eso precisamente lo que te dolía. También es cierto que, como marioneta, no debías sentir. Pero estás ligada a mí de alguna manera. Eres especial. Y muy fuerte.
Cargabas con un peso que ningún ser humano podría. Seguramente es la desesperante situación en la que estaba, el miedo a fracasar y ser descubierta por la Orden del Abismo. Compartimos ese sentimiento, pero no el conocimiento. No sabías por qué sufrías. Y era peor porque estabas sola.
Hoy que por fin he conseguido derrotar a la organización robótica, quiero disculparme nuevamente contigo, y anunciarte que ya has cumplido tu propósito.
Ya has aguantado suficiente. Por eso, te “desconectaré” y “apagaré”. Desaparecerás, y todo será como si nunca hubieras existido. Aunque nadie notaría tu ausencia porque no les importas. Pero a mí sí. Me importas. Y quiero acabar con tu sufrimiento.
Descansa en paz, Sombrelle.
Muchas gracias por todo.
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