DESTRUCCIÓN ENCUBIERTA
Hoy es tres de octubre del año 2050. Es un martes cualquiera y me acabo de despertar. Me visto con unos vaqueros y una camiseta simple y por encima una sudadera rosa, aunque en el fondo da igual, nadie se va a dar cuenta. Bajo a desayunar mientras hablo con Alicia, una IA que se hace pasar por mi amiga. Todo el mundo tiene uno, es ilegal no tener. Desayuno, me pongo la mascarilla y salgo de casa. Es obligatorio llevar mascarilla porque el aire está tan contaminado que y las calles tan sucias, que nos moriríamos de toxicidad. Cuando llego al colegio está todo el mundo con móvil, igual que las personas que he visto por la calle. No conozco el nombre de nadie, así que me pongo a jugar un videojuego. Llego a mi clase y están varias personas, todas con el móvil. Cuando suena el timbre llega la profesora, y como está prohibido quitarnos el móvil nadie le presta atención.
- ¡Amaia Sanz!- me dice- ¿Cuánto da la operación de la pizarra?- Me pregunta, como todos los días
- 35- digo, agotada. Esta noche no he dormido mucho.
Cuando acaba el colegio voy a mi casa y me pongo a ver las noticias mientras cargo el móvil. Avisan de ciberataque, como todos los días. Llega mi madre y me encierro en mi habitación. Veo una serie mientras me como unos macarrones precalentados del microondas. A las seis, cuando estoy merendando y mi madre está con el móvil, de repente se le ilumina la cara de un color morado y se queda con la mirada fija en la pantalla. Cuando compruebo que no escucha ni ve, cojo mi chaqueta y salgo afuera. Toda la gente que va por la calle está igual que mi madre.
Intento gritar y pedir ayuda, pero nadie me escucha. Absolutamente nadie. No puede ser que la única persona que no estaba con el móvil era yo. Me niego a pensar eso. Malditas noticias, maldito ciberataque y maldita IA.
- ¡¡AYUDA!!- Grito yo, sin esperanza.
* * *
Un año después, está todo destruido. He llegado a la conclusión de que ese ciberataque no era de ningún gobernante tirano, sino de la IA. Todos esos amigos que nos obligaban a tener nos lavaban el cerebro y nos robaban el tiempo, y cuando la gente abrió la aplicación… ¡PAM! Atontados. Esos personajes les han robado la vida a los tontos y pobres humanos. Todo fue culpa de la IA. La maldita IA. Me han destrozado la vida, y ahora me tengo que esconder para que las IAS no me descubran. Mi vida ya no tiene ningún sentido. Ninguno. No merece la pena seguir sobreviviendo, pero no quiero estar dentro de un maldito móvil. Lo que nos hicieron fue una destrucción, una destrucción encubierta.
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